El valor de ser pequeño
A veces sentimos que ser pequeño nos hace poco visibles, nos hace aún más pequeños y no nos ayuda para marcar una diferencia.
La realidad es que hoy el ser pequeño si es bien conducido te da un valor, te da visibilidad y nos hace grandes.
Ser pequeños nos permite que nuestro trabajo sea un modo de vida, nos deja espacio para tratar a nuestros clientes de modo cercano y personalizado, lo que hace que podamos mimarlos como si fueran de nuestra familia.
Y es allí donde he encontrado un gran impulso, un terreno donde me siento cómoda y me gusta que sea así.
Nuestra marca es construida y pensada desde nuestro hogar, nuestro pequeño taller que está en casa mismo, es un espacio por donde suceden miles de cosas, entra el sol, Mei gatea, Tasio entra y dibuja e incluso muchas veces se esconde cuando juega. Nuestro taller podemos decir tiene vida de familia y me gusta porque trabajar de zapatillas de andar por casa y pijama es un privilegio para estas épocas.
Hemos construido todo esto con 100€ que una vez me regalaron, y que desde allí no pare. Aún recuerdo el día que me compre mi primer maquina de coser y comencé a aprender sola porque no tenía ni idea, una máquina que hoy acompaña a mis Costurikas en sus clases.
Esta historia jamás la conté pero me gustaría compartirla, un motivo para escribir en el blog y así acercarnos más.
La realidad es que hoy el ser pequeño si es bien conducido te da un valor, te da visibilidad y nos hace grandes.
Ser pequeños nos permite que nuestro trabajo sea un modo de vida, nos deja espacio para tratar a nuestros clientes de modo cercano y personalizado, lo que hace que podamos mimarlos como si fueran de nuestra familia.
Y es allí donde he encontrado un gran impulso, un terreno donde me siento cómoda y me gusta que sea así.
Nuestra marca es construida y pensada desde nuestro hogar, nuestro pequeño taller que está en casa mismo, es un espacio por donde suceden miles de cosas, entra el sol, Mei gatea, Tasio entra y dibuja e incluso muchas veces se esconde cuando juega. Nuestro taller podemos decir tiene vida de familia y me gusta porque trabajar de zapatillas de andar por casa y pijama es un privilegio para estas épocas.
Hemos construido todo esto con 100€ que una vez me regalaron, y que desde allí no pare. Aún recuerdo el día que me compre mi primer maquina de coser y comencé a aprender sola porque no tenía ni idea, una máquina que hoy acompaña a mis Costurikas en sus clases.
Esta historia jamás la conté pero me gustaría compartirla, un motivo para escribir en el blog y así acercarnos más.